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Osteoporosis


Osteoporosis y Fracturas: Un Riesgo Creciente en la Vejez

En Puerto Rico hablar sobre las fracturas por fragilidad en adultos mayores de 65 años es de suma importancia ya que en los últimos años la población de adultos mayores en la isla ha aumentado de forma significativa y sostenida, reflejando un proceso de envejecimiento demográfico marcado. Según estimados poblacionales recientes, ya para el año 2024 alrededor de más del 24% de la población total de Puerto Rico tenía 65 años o más, resultando en el aumento de fracturas por fragilidad. En Estados Unidos se estima que ocurren anualmente de 2 a 3 millones fracturas por fragilidad, número que va en aumento.

Las fracturas de fragilidad en adultos mayores de 65 años son lesiones que ocurren como consecuencia de caídas leves debido a que los huesos se han debilitado progresivamente, generalmente por pérdida de densidad ósea. A diferencia de las fracturas en personas jóvenes, que suelen ser por accidentes de alta energía, como caídas de altura o accidentes automovilísticos, en los adultos mayores generalmente ocurren por mecanismos de baja energía como a causa de una caída desde sus propios pies, silla o cama. Estas lesiones representan un importante problema de salud pública a nivel mundial, ya que su frecuencia aumenta con la edad y se asocian con pérdida de independencia, complicaciones médicas y un alto nivel de mortalidad. Se estima que una de cada tres mujeres y uno de cada cinco hombres mayores de 50 años sufrirá una fractura relacionada con osteoporosis en algún momento de su vida. Las fracturas más comunes de fragilidad afectan la cadera, la columna vertebral y la muñeca, aunque también pueden presentarse en el hombro, tobillos y pelvis.

La principal causa de estas fracturas es la disminución de la densidad del hueso, un proceso que ocurre con el envejecimiento y que se acelera especialmente después de la menopausia en las mujeres debido a la disminución de estrógenos. Otros factores que aumentan el riesgo incluyen antecedentes familiares de osteoporosis, bajo peso corporal, deficiencia de vitamina D, sedentarismo, sarcopenia (pérdida de masa muscular), tabaquismo, consumo alcohol, uso prolongado de corticosteroides y/o enfermedades crónicas. Además, el riesgo no depende únicamente de la fortaleza del hueso, sino también de la probabilidad de caídas, la cual aumenta por problemas de equilibrio, debilidad muscular, alteraciones visuales, uso de múltiples medicamentos o barreras arquitectónicas en el hogar.

El tratamiento de una fractura de fragilidad depende del hueso afectado y de la condición general del paciente. Las fracturas de cadera suelen requerir cirugía temprana para permitir movilización rápida y reducir complicaciones. Las fracturas vertebrales generalmente se manejan con control del dolor, fisioterapia y tratamiento para la osteoporosis, aunque en algunos casos pueden requerir procedimientos específicos. Independientemente del tipo de fractura, es fundamental tratar la causa subyacente que es la fragilidad y perdida de densidad ósea, para prevenir nuevos eventos, ya que haber sufrido una fractura duplica el riesgo de sufrir otra en el futuro.

Dentro de las fracturas de fragilidad la fractura de cadera es una de las lesiones más serias y frecuentes (300,000 al año) con una mortalidad reportada de 21%-36% al año del evento. Los síntomas de una fractura de cadera incluyen dolor intenso en la ingle y/o el muslo, incapacidad para sostener peso en la extremidad, acortamiento y rotación externa de la pierna afectada y dificultad para mover la extremidad. Ante estos síntomas, es necesario buscar atención médica inmediata. En la gran mayoría de los casos, el tratamiento requiere cirugía temprana para reparar o reemplazar la parte fracturada del hueso, ya que la movilización temprana baja la mortalidad y reduciendo posibles complicaciones como neumonía, coágulos sanguíneos y pérdida muscular.

La prevención de las fracturas de fragilidad es esencial y se basa en dos pilares fundamentales: fortalecer el hueso y prevenir las caídas. Para mantener huesos saludables es importante una alimentación adecuada rica en calcio y vitamina D, actividad física regular como ejercicios de resistencia y equilibrio, evitar el tabaco y el consumo excesivo de alcohol. En personas con riesgo elevado, el médico puede recomendar estudios como la densitometría ósea para evaluar la densidad mineral del hueso y, si es necesario, iniciar tratamiento farmacológico para fortalecerlo. Existen medicamentos que disminuyen la pérdida ósea y reducen significativamente el riesgo de nuevas fracturas. Asimismo, es esencial adaptar el hogar para reducir caídas, eliminando alfombras sueltas, mejorando la iluminación, instalando barras de apoyo en el baño y utilizando calzado adecuado.

En resumen, las fracturas de fragilidad en adultos mayores son frecuentes y potencialmente graves, pero en gran medida prevenibles. La detección temprana de la osteoporosis, el tratamiento adecuado y la implementación de medidas para prevenir caídas pueden reducir significativamente el riesgo y mejorar la calidad de vida. Ante la sospecha de una fractura por fragilidad se debe buscar atención médica inmediata, evitar movilizar al paciente innecesariamente, evitar manipular la extremidad y posteriormente iniciar un plan integral que incluya tratamiento de la fractura. La educación del paciente y la participación de la familia son elementos clave para mantener la independencia y la salud ósea en esta etapa de la vida.

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